LA PANDEMIA DE COVID-19 incrementa nuevas formas explotación sexual

El Congreso “La situación de las víctimas de trata de personas en tiempos de Covid-19” concluye reclamando una mayor protección para las víctimas



El Congreso Internacional Virtual “La situación de las víctimas de trata de personas en tiempos de Covid-19” organizado por la Asociación Internacional de Juristas INTER IURIS y el Ministerio Público del Perú, con el apoyo del Ayuntamiento de Sevilla, ha concluido el pasado miércoles 24 de marzo, con un rotundo éxito tanto de participación como de resultados.


Destacan entre sus conclusiones, la necesidad de una mayor protección de la víctima como eje central de la intervención. Éstas se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad, de miedo y con una delicada situación psicológica, a pesar de lo cual, recae sobre ellas el mayor peso de las investigaciones, a través de sus declaraciones. Se hace indispensable trabajar con un enfoque de no criminalización hacía las víctimas, reforzando las medidas de protección y asistencia a las mismas, que en muchas ocasiones no denuncian por temor a que puedan existir consecuencias por su carácter de migrante o bien, porque han estado vinculadas a actividades ilícitas conexas con su situación de trata. También, a veces, porque han llegado a desarrollar apego con los tratantes que en algunos casos le consideran protectores.


Una de las conclusiones más reveladoras, pone de manifiesto que la pandemia de Covid-19, lejos de aminorar el delito de trata de personas, ha derivado en la aparición de nuevas formas y medios de explotación.


LA PANDEMIA DE COVID-19 incrementa nuevas formas explotación sexual: mayor ofrecimiento sexual, pornografía in situ y sugar baby.


Si bien es cierto que la globalización del hecho delictivo de la trata viene facilitada por la movilidad y la interconexión entre los distintos países, y que existe una relación directa entre el tráfico ilegal de emigrantes y la trata de personas, las organizaciones criminales siempre activas y en permanente adaptación, han aprovechado el confinamiento y la mayor conectividad de las personas a internet, para modificar sus estrategias incrementado el uso de Internet, especialmente Redes Sociales, como mecanismo para la captación y para la explotación. Esto les ha permitido ampliar su territorio de actuación, su velocidad de acción y el número de víctimas alcanzadas, especialmente niños y niñas. Mayor ofrecimiento sexual, oferta de pornografía in situ, sugar baby u onlyfans, son algunas de las nuevas formas de explotación llevadas a cabo por los tratantes. Por ello en el Congreso se ha puesto de manifiesto, la necesidad de incrementar los esfuerzos para afrontar el ciberdelito.


Pero el mayor uso de internet durante el confinamiento no solo ha repercutido en nuevas formas de explotación, sino que está teniendo un importante papel en la normalización y tolerancia a la explotación. Es aquí donde las y los ponentes además de concluir en la necesidad de aplicar las leyes, mejorar y actualizar la legislación existente, hacen un llamamiento a la sociedad civil para que vean en la explotación de personas, una grave vulneración de derechos humanos y de la democracia, apelando a toda la sociedad en su conjunto para que asuma la corresponsabilidad en la erradicación del delito de trata de personas.


La mejora de las estrategias existentes contra la trata y de crimen organizado, así como la aprobación de planes de contingencia específicos que se focalicen en la prevención y la anticipación de las amenazas de este delito, vigilando cómo evolucionan las tendencias criminales, se manifiestan como ejes prioritarios de actuación, junto al conocimiento de la economía del crimen organizado con una mayor investigación de las diferentes formas de explotación.


La captación de las personas para ser explotadas es un negocio perverso y muy rentable y no es fácil encontrar un país en el mundo que esté libre de organizaciones criminales de trata, ya sea por ser país de origen, de tránsito o de destino de las víctimas.


La pandemia originada por el Covid-19 ha derivado en una crisis social y económica que ha incrementado las condiciones de vulnerabilidad, elevando el riesgo de ser víctimas de tratantes, mayoritariamente mujeres y niñas con casi un 70% sobre el total de víctimas, según el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito–UNODC, para el que se han analizado datos de 148 países (Reporte Global sobre la Trata de Personas de 2020).



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